Había una vez en lugar del
mundo olvidado, vivía un joven de escaza edad, el cual soñaba un día poder
cambiar al mundo. Vivía en unas circunstancias de inseguridad y peligro.
Aquel joven vivía encerrado
en una casa la cual le servía de protección para él y sus dos hermanos, ya que
la sociedad en si iba en decadencia.
¡Había enfermedad de odio!, bueno eso se
escuchaba decir en la noticias.
Quizá las personas se habían
olvidado que existían los sentimientos, todo era frio, el amor se había
extinguido y parecía como si nadie
supiera de su existencia.
Precisamente las personas habrán
dejado de hacer lo que les gustaba, era como si estuvieran programados. Ya
nadie se preocupaba por nadie, el morir se convertía en una manera fácil de
terminarlo todo y por si fuera poco ya nadie podía procrear por que la peste
abundaba en la sociedad.
En ese entonces escuchaba
murmurar a las personas decir que era el final de todo, culpaban a los
gobiernos, pero solo se excusaban a ellos mismos. Algunos no soportaban la
pesada carga y optaban por la salida fácil, por así decirlo “el suicidio”. Pero
ya no era raro, era normal ver a todos tan vacios que muchos preferían mejor no
salir. Y ese es prácticamente mi caso, quedarme encerrado y ver los destellos
de luz que se cuelan por un agujero de la lamina de mi casa, imaginando un
mundo diferente, lleno de alegría y personas sinceras, las cuales están llenas
de ilusiones, amor y en las almas mas frías dibujadas sonrisas o ese cosquilleo
en el estomago que solían llamar amor, pero ya no con dolor si no todo lo
contrario “lleno de felicidad”.
Pero está claro que eso ya
jamás cambiaria y pensar esas cosas quizá sea el efecto de estar expuesto al
destello de luz que se filtra en mi resistencia.
Un día todo cambio, creo que
empeoro mi situación enferme de odio pase varios días llorando y cuestionando el
porqué de la situación, hasta llegar a la conclusión de la cual borro mi
existir. Pero hoy realmente creo poder haber hecho mas, quizá tanta cosa
absurda que pensaba era un indicio que me incitaba a continuar con mi loca
ideología de cambiar al mundo, lástima que sea tarde, quizá fui cobarde, pero
la angustia y la soledad me ganaron y me orillaron a terminar con mi vida antes
que terminar con la de los demás.
Al ver que todo había
terminado, me sentí mas vacio que antes y comprendí muchas cosas que quizá no
entendía muy bien, tal vez el odio que padecía era amor, aunque no sabía cómo
interpretarlo por eso me sentía triste. Aunque quiera ya no puedo regresar.
“¡Si
tan solo tuviera otra oportunidad!”
Fue
en ese entonces que desperté de aquel sueño, lo más raro es que fue tan real
que pude sentir todo lo que acontecía, pero como en cada sueño, a los cinco
minutos de despertar se fue al olvido y seguí siendo el mismo, el arrogante,
egocéntrico, creído y charlatán de siempre.
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